Si no somos capaces de darnos cuenta de que hay cierto grado, no arcaico y que deba situarse en alguna parte en el nivel del nacimiento, sino estructural, en el nivel del cual los deseos son propiamente hablando locos, si para nosotros el sujeto no incluye en su definición, en su articulación primera, la posibilidad de la estructura psicótica, entonces nunca seremos otra cosa que lienistas.
J. Lacan
Al hablar de estructura en el ser humano, tenemos un sin fin de posibilidades desde donde abordar el tema, por eso he decidido comenzar este escrito desde el llamado movimiento estructuralista. “Su estudio se centra en la noción como su nombre lo indica de estructura, término proveniente de latín (structura) que en su origen se empleaba especialmente en un sentido arquitectónico (“construcción”, “edificio”, “disposición”, “fábrica” y “organización”) para designar la manera en la que está construido un edificio; podemos leer en Cicerón la acepción structura verborum para señalar la “disposición de los órganos del cuerpo, y más aún se ramificó a lo largo del XIX cuando comenzó a ser empleado por anatomistas, gramáticos e investigadores diversos. A partir del romanticismo, la idea general de estructura se utilizó especialmente para tratar de definir el carácter estructural de lo real.” (Alvarez, 2004)
Dicho movimiento surge como crítica al humanismo y su confianza en los ideales humanos; este movimiento situó al lenguaje en el centro de sus intereses y trató de halar su estructura universal subyacente para extrapolarla posteriormente a otras disciplinas; siendo así como tiene cabida en el psicoanálisis. “Una estructura según Alvarez (2004) comprende tres características: de totalidad, de transformación y de autoregulación […] Para descubrir una estructura dada es preciso emprender un análisis interno de la totalidad, distinguiendo así sus elementos y el sistema de relaciones allí presente. La estructura revela por este procedimiento como el esqueleto del objeto sometido a consideración, permitiendo de este modo diferenciar cuanto es esencial de cuanto es accesorio, desbrozando igualmente sus líneas de fuerza, sus funciones y, en ocasiones, los mecanismos implícitos en su funcionamiento.”
Freud definió tres estructuras de personalidad en el sujeto, la neurosis, la perversión y la psicosis; y dependían de la falta resultante de la castración proveniente del complejo de Edipo. El complejo de castración fue descrito por Freud a partir de 1908 mientras investigaba acerca de las teorías sexuales infantiles, en concreto sobre la atribución que hace el niño de un pene a todos los seres (premisa universal del pene); de acuerdo con la teoría infantil que hace de su existencia un universal, el complejo se instaura en el niño una vez que se ponen en juego dos factores determinantes: la amenaza de castración y la percepción de los órganos genitales femeninos. El complejo de castración constituye el último tiempo del complejo de Edipo en el niño, pues implica una renuncia a la sexualidad edípica e incestuosa para poder conservar tan preciado órgano.
El complejo de castración sigue en la niña un desarrollo distinto, ya que en lugar de ser la culminación del Edipo, da pauta al complejo de Edipo. La percepción de la niña del órgano sexual masculino marcha en función de la envidia que siente por el pene y del resentimiento contra la madre. La función de normalización de este complejo en la niña se da en función de posibilitar la minimización de esta envidia al pene, con el fin de hallar un equivalente simbólico concretado en el deseo de tener un hijo del padre. “La vida sexual de la mujer, se divide siempre en dos fases, la primera de las cuales es de carácter masculino, mientras que sólo la segunda es de carácter específicamente femenino. El primer objeto amoroso del varón es la madre, debido a que es ella quien lo alimenta y lo cuida durante su crianza; sigue siendo su principal objeto hasta que es remplazado poro otro, esencialmente similar o derivado de ella. También en la mujer la madre debe ser el primer objeto, pues las condiciones primarias de la elección de objeto son iguales en todos los niños” (Alvarez, 2004). Cuando se ha vivido la castración es imposible estar completo, por lo anterior Lacan dirá que somos sujetos en falta, ya que al aceptar la castración, el sujeto se verá forzado a construir una estructura psicopatológica. Según Alvarez (2004) Freud formuló tres modos específicos de los que se sirve el Yo para enfrentar la castración, tres modalidades lógicas que definirán las tres estructuras clínicas con las que el psicoanálisis ordena su nosografía y orienta su práctica: la castración existe o no existe, es decir, está representada o no está representada. Dicho de otro modo: el aparato psíquico reconoció la existencia de la castración o bien dicha representación quedó rechazada (Verwerfung) en el aparato psíquico, lo que determinará la estructura clínica de la psicosis; en el caso de que se llevara a cabo tal representación de la castración pueden suceder dos eventualidades: o bien ella es apartada de las representaciones conscientes mediante el mecanismo de la represión (Verdrängung), como sucede en la estructura neurótica, o bien el sujeto desmiente su realidad valiéndose del mecanismo de la renegación (Verleugnung), como es el caso en la estructura perversa.
Sin embargo Lacan sentía que a Freud le faltaba algo importante para poder ser leído adecuadamente, por lo que se inventa la triada RSI (Real, Simbólico e Imaginario) e introduce la función del padre para que el sujeto sea estructurado de alguna forma.
Para que el padre sea introducido en el campo de lo simbólico, debe ser por medio de la madre ya que la madre es la encargada de instaurar esta metáfora. Según Julien (2002) la madre sustituye el significante de su deseo, que es enigmático para el niño por carecer de significación, por otro significante, el del padre, el significante de la paternidad. Y de esa metáfora nace una significación: el falo, es decir, lo que falta en la madre y es la razón de su deseo de mujer […] el significante del nombre del padre, no es transmitido al sujeto ni por un hombre que se declara padre, ni por la sociedad política o religiosa, sino por el deseo de la madre, en cuanto mujer. Ella da respuesta a la interrogación del hijo o la hija ante la imagen materna.
De acuerdo a lo anterior es como se estructura el sujeto, en cómo se ha introducido el padre; el-nombre-del-padre en lo real, simbólico e imaginario. Y como es marcado el sujeto por el deseo del otro; ya que recordemos que, el deseo del hombre encuentra su sentido en el deseo del otro, porque su primero objeto es ser reconocido por el otro. Citando a Hegel (op. cit. Julien, 2004) “El ser humano sólo se constituye en función de un deseo referido a otro deseo; es decir, a fin de cuentas, de un deseo de reconocimiento.” Para explicar las estructuras de Freud (Psicosis y neurosis ) Lacan, a partir de la invención de la triadas RSI, y la instauración de la función del padre, crea un sistema de nudos (nudo de trébol, nudo borromeo y nudo olímpico) para dar una idea mas clara de que es lo que sucede en cada estructura.
En el nudo trébol, explica la psicosis, ya que las tres dimensiones (real, simbólico e imaginario) se encuentran reducidas en una sola. Es por lo anterior que si una parte del nudo no funciona la estructura completa se derrumba, ya que no tiene sustento en ninguna de las tres dimensiones. Está totalmente desestructurado y cae en la locura.
En el nudo de borromeo, que explica otro lado de la psicosis. Lacan (Op. cit. Julien, 2002) “El interés de unir de este modo lo simbólico, lo imaginario y lo real en el nudo borromeo es lo que resulta de ello, y no sólo resulta sino debe resultar, vale decir que si el caso es bueno, basta cortar uno cualquiera de los anillos de cordel para que los otros dos queden libres uno de otro. […] En otras palabras, si el caso es bueno, cuando les falta uno de esos anillos de cordel, ustedes tienen que volverse locos. Y en eso consiste el buen caso, a saber, que si hay algo normal, es que cuanto una de las dimensiones se les va a pique por una razón cualquiera, ustedes deben volverse locos”.
El nudo olímpico, que explica a la neurosis. En este nudo todos los anillos están unidos, y si uno de los anillos se va en pique los otros dos se quedan unidos y soportan al sujeto, es por lo que Lacan decía que los neuróticos son incansables. Porque siempre se sostienen en el campo del RSI.
Sin embargo estos nudos no eran suficientes, el RSI no se explicaba en su totalidad así que integró el cuarto elemento a las estructuras, el Nombre-del-Padre. “Lacan había introducido el Nombre-del-Padre para designar el significante que, al sustituir el significante enigmático del deseo de la madre, da una respuesta al hijo. Produce la significación fálica del deseo de la madre. Así, el Nombre-del-Padre es fundado por la madre o no existe. El padre como nombre y como quien nombra no es lo mismo. El padre es el elemento cuarto sin el cual en el nudo de lo simbólico, lo imaginario y lo real nada es posible.” (Julien, 2002)
El Nombre-del-Padre es lo que unifica la estructura, dice Lacan (op. cit. Julien, 2002) “todo se sostiene en la medida en que el Nombre-del-Padre es también el Padre del nombre”, introduciendo así la función misma del sín-thoma, que tiene una función de suplencia y compensación cuando hay forclusión del Nombre-del-Padre, es decir el padre y su función están tachados, no existen, por lo tanto ausencia del nudo borromeo de las tres cosistencias: RSI, dado lo anterior, si se da entrada al cuarto elemento se evita el desanudamiento y así impedir la locura.
Freud (Julien, 2002) hace que todo se mantenga unido mediante el sínthoma neurótico que es el Padre-del-Nombre. La declinación del Edipo se concreta al volverse hacia ese Padre, que la teoría calificó de Padre ideal, un padre digno de ser amado. Ese volverse hacia, instaurara el nudo borromeo con cuatro elementos.
A lo largo de este ensayo he tratado de explicar brevemente la estructuración de un sujeto, partiendo de la concepción freudiana de Edipo y castración, pasando en un gran brinco a la concepción Lacaniana de RSI y la introducción de la función paterna en el campo de lo imaginario. Tratando de destacar la gran importancia y peso que tiene esta estructura para sostener a un sujeto en su sínthoma y marcar la diferencia entre una psicosis y una neurosis.
BIBLIOGRAFÍA
ALVAREZ, José María; Esteban, Ramón; Sauvagnat, François, Sauvagnat. “Fundamentos de psicopatología Clínica”. Ed. SINTESIS. España, 2004
JULIEN, Philippe. “Psicos, perversión, neurosis. La lectura de Jacques Lacan”. Amorrortu Editores. Argentina, 2002.

Escribe un comentario