| 21, jul

"El pueblo es aquella parte del Estado que no sabe lo que quiere."
Hegel.
El humano ha sido uno de los seres que cohabitan en el mundo y que ha sido objeto de estudio de diferentes disciplinas; la psicología, antropología, sociología, por mencionar algunas; estas entienden al ser humano como un ser social que puede denominarse de esta manera a partir de que desarrolla un sistema de códigos para comunicarse; estos códigos los conocemos hoy en día como lenguaje. Desde que el hombre se puede comunicar haciendo uso de su propio lenguaje se inserta y funda la sociedad.
El lenguaje ha sido objeto de fascinaciones de diversos investigadores; el lenguaje no verbal, los discursos, la lingüística, la semiótica, etc. son campos estudiados a profundidad y que han dado pie a numerosas teorías al respecto. El campo que nos compete en este escrito es el del psicoanálisis.
El lenguaje en el psicoanálisis da forma y sentido. En la clínica, el acto de nombrar posibilita que el sujeto sea develado, una vez que el sujeto ha sido develado le permite re-escribir su historia. Sin embargo la clínica no es el único aspecto que aborda el psicoanálisis; éste, nos permite abrir una gama de posibilidades de estudio, tanto culturales, sociológicas, como antropológicas.
Las relaciones que sostiene el individuo con sus semejantes, han sido objeto de estudio del psicoanálisis; estos vínculos según Freud (1921) tienen el derecho a reclamar que se les considere como fenómenos sociales; sin embargo la psicología de las masas suele prescindir de estos vínculos y distingue como objeto de estudio la influencia que ejerce el entorno social sobre el sujeto que se encuentra ligado a éste por alguna razón y que en muchos aspectos puede ser totalmente ajeno a este entorno.
Freud retoma a Le Bon en el texto “Psicología de las masas” (1921), en el cual se expone que el rasgo mas notable de una masa psicológica es que ésta es compuesta por una población de individuos con características diversas o semejantes en su estilo de vida, ocupaciones, carácter o inteligencia, mas sin embargo al encontrarse inmersos en una masa les brinda una especie del “alma” colectiva que produce que piensen, sientan y actúen de una manera totalmente diferente a la que actuarían de manera individual. Podríamos decir que no existe la individualidad en una masa, las ideas y sentimientos que emergen en los individuos están directamente relacionados a los sentimientos e ideas de las masas, podríamos decir que el sujeto del inconciente se constituye de esta manera; “a partir de la inserción del cuerpo viviente en el campo del Otro, el universo del lenguaje. Sujeto y cultura son efectos de la estructura del lenguaje, que al mismo tiempo que establece el orden social, la religión y la moral, genera el equívoco de una pregunta oposición entre individuo y sociedad” .
En “Tótem y Tabú”, Freud retoma la teoría de Darwin de la horda primitiva en la que se explica la génesis del clan primordial. La teoría explica que el “padre” de la horda es aquel miembro que tiene acceso al poder; puede acceder a las mujeres de la horda y goza de todos los privilegios. El resto de los hombres de la horda al querer gozar de estos privilegios y verse impedidos para ello formulan y concretan el asesinato del líder; el asesinato de “el padre”. En el momento en que “el padre” deja de existir, los miembros de la horda intentan tomar aquello que “pertenecía al padre”, las mujeres de la horda. Sin embargo nace una contradicción en dicho asesinato, han destruido aquella figura idealizada, protectora y benefactora de la horda generando así la culpa. La culpa por el asesinato del padre y se genera en un sentido mítico la creencia de que si se toma posesión de aquello perteneciente “al padre” éste podrá regresar “del más allá” y cobrar venganza y castigar a aquellos que tomen su lugar o posesiones; instaurándose de esta manera la prohibición del incesto; los hombres de la horda no podrán acceder a las mujeres de su mismo clan.
“La existencia del lenguaje nos permite comprender la definición freudiana de la cultura: que no es otra cosa mas que la organización colectiva de expiación del asesinato primordial, el asesinato del padre. La cultura es la tentativa de saldar la deuda contaría por ese crimen y, simultáneamente, el eterno fracaso de éste propósito, fracaso que obliga a cada generación a transmitir a la siguiente esta deuda insaciable. El asesinato del padre es el fundamento de la sociedad que se organiza como memoria viviente de un crimen cuyo recuerdo está reprimido. […]Este padre es el padre asesinado cuya memoria deberá ser siempre venerada como garantía insustituible de la obediencia a la ley” .
La Ley entonces es instaurada como un recuerdo reprimido, como un no querer saber de este asesinato, negando que el padre ha muerto. La instauración de la Ley está en el orden simbólico, en la creencia de que el padre no ha muerto y que el lazo social se mantenga. Los hijos del padre tendrán que renunciar al goce de ocupar el lugar del padre y mantener las imposiciones y orden que éste mantenía; otorgando de esta manera el lugar del amo a este padre muerto a quien se debe venerar actuando como si este siguiera presente.
La muerte del padre indica el lugar vacío de la estructura de lo simbólico y la institución del padre como amo absoluto para desmentir la existencia de ese lugar, es el resorte fundamental de toda servidumbre consentida. No hay servidumbre que no se apoye en el esfuerzo renovado por sostener al amo, por hacer existir al padre que no debe saber que está muerto.
“La institución requiere que haya un objeto que tome el lugar del Ideal. Para Freud, esta idealización es imprescindible para el surgimiento del amor” . Siendo así, esta idealidad surge de la demanda de amor, en la que el padre ama por igual a todos sus hijos, y éstos a su vez aman al padre con el único fin de ser dignos de su amor y es por esto que se someten a el; porque es un padre infalible. “Como el amor depende de la creencia, no hay creencia que no sea, en última instancia, creencia en el padre, que es la pieza indispensable para concebir el orden simbólico como un todo, un lugar sin falta, un lugar donde está el objeto precioso que es el Bien de todos” .
La reflexión que hace Freud en torno a la política radica en la revelación de los mecanismos inconcientes que posibilitan el ejercicio del poder. Este poder es posible en medida que se da el sometimiento del sujeto frente al amor; al amor por el amo. Este sometimiento es generado desde la necesidad de concebir la existencia del Otro completo; sin tachadura, aquel al que el goce le está permitido y que el sujeto ambiciona.
Lacan, para poder explicar esta posición de poder en la que se ubica al amo, plantea en “El reverso del psicoanálisis” (1975) cuatro discursos: el del amo (M), la universidad (U), la histérica (H) y el del analista (A).
Lacan al hablar respecto al discurso del amo (M) retoma a Hegel desde su dialéctica del amo y el esclavo, en la que se explica que el saber está del lado del esclavo. El esclavo es el que “tiene el saber”, “el que sabe como hacer” y trabaja para un amo. Un amo que no sabe lo que quiere, pero que al final robará y tomará el conocimiento del esclavo para sus propias necesidades, para satisfacer su propio deseo. El esclavo lo sabe, y por ello tiene la función de esclavo.
El deseo del amo es el deseo del Otro, el Otro completo, y en función a esto se da esta dialéctica de amo y esclavo. En el que el amo goza; este goce está implícito en el hecho de que el amo se ha posicionado en el lugar de la Ley, una Ley que tiene que ver con la Ley establecida por el padre mítico; con la identificación con el goce del padre asesinado; Lacan comenta al respecto; “puesto que tal vez hay leyes de estructura que hacen que la ley sea siempre ley que está en ese lugar que llamo dominante en el discurso del amo […] si este lugar sigue siendo el mismo y, en este discurso, es el del síntoma, eso nos llevará a preguntarnos si ese mismo lugar es el del síntoma cuando opera en otro discurso. La ley puesta en cuestión como síntoma” .
El síntoma del que habla Lacan no es otro mas que la repetición; la repetición del goce; sin embargo Freud articula en este sentido que en esta misma repetición se produce un defecto, algo que falla, un fracaso. Esta falla está marcada por la transgresión de ese Otro, el retorno de lo inanimado. Aquel que se ha posicionado en el lugar del amo, el Otro corre el riesgo de asumir su falta. El amo solamente sería amo si resucitara, es decir que se convirtiera en el padre asesinado y encarnara al amo, el esclavo simplemente ha renunciado en su totalidad a ser el amo, a encarnar al padre asesinado.
El sometimiento al amo por amor, es el elemento esencial de la reflexión política de Freud, no como un sistema político como tal, sino nos revela los mecanismos inconcientes que posibilitan el ejercicio del poder; el origen del dominio social y de las leyes de sumisión. Esto responde a una serie de identificaciones del sujeto con un ideal, un ideal todo completo, sin falta, que corresponde al lugar del Otro, ese lugar sin tachadura, pero que generará agresividad debido a que esta posición, la postura del Amo es generadora de goce, al cual sólo podrá accederse mediante la transgresión de los límites del principio del placer, principio del equilibrio y la armonía.
En este sentido podemos entender el modo de actuar de aquellos que por años han gobernado el mundo y han dejado a su paso guerras, muertes, tiranía entre otras cosas mas. Hoy nuestro país atraviesa uno de los momentos mas críticos desde su institución como país “independiente”. Nuestros gobernantes se han posicionado en el lugar del amo, de ese Otro que solo busca su goce personal dejando una huella imborrable y un legado de pobreza extrema que solo anuncia su gran falla como padres de la nación, de una nación que se ha sometido a la esclavitud tanto intelectual como cultural, provocando una insatisfacción que nos ha llevado a una ola de violencia sin igual. Aquellos que se encuentran inconformes con los regimenes que nos han atravesado, existen aquellos que en su deseo de “mejorar” buscan la tachadura del Otro, para poderse posicionar en ese lugar tan deseado del amo; prometiendo un Ideal desde su saber. Por otro lado encontramos aquellos que han sido pervertidos por el mismo sistema y que se posicionan en ese otro lugar, un lugar de violencia y tiranía buscando únicamente su propio goce, un goce que se encuentra en manos de la muerte del propio pueblo. Como Lacan comenta en sus cuatro discursos, cuando explica la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel, podemos ver que nuestro país está bajo ese régimen, donde los políticos no están interesados en el beneficio de un pueblo, solo tienen a un pueblo trabajando para explotar el conocimiento de sus habitantes y gozar desde su propio sufrimiento. Sin embargo tenemos el otro extremo, aquellos que han transgredido la ley, que están del lado perverso; el crimen organizado, conformado por narcotraficantes, grandes capos de la mafia, sus hijos, ex policías o ex militares, o simplemente aquellos que se han identificado con este Otro y ha aspirado a su goce. ¿Es que a lo largo del bicentenario de la independencia de México la identidad del mexicano seguirá variando, y en vez de identificarse con la virgen de Guadalupe o el equipo de futbol, la identificación será con la santa muerte o el santo Malverde?
BIBLIOGRAFÍA.
GERBER, Daniel. “El psicoanálisis en el malestar en la cultura”. Editorial Lazos, Argentina 2006.
FREUD, Sigmund. “Psicología de las masas y análisis del yo. Obras completas”. Vol. XVIII. Amorrortu editores. Argentina. Sexta reimpresión, 1995.
LACAN, Jacques. “El reverso del psicoanálisis”. Editorial Paidos. Argentina, 7ª. Reimpresión. 2008.
Lacan, remite a una vuelta pero que, como todos lo sabemos, no implica una repetición de lo mismo. El retorno promovido por Freud señala el horizonte obtuso y mítico de los tiempos en que un saber surgía a la superficie del lenguaje. La revolución freudiana cimbró al mundo con una nueva legalidad llamada inconsciente y con el descentramiento radical del sujeto de la conciencia. Pero además, es menester aceptar que la construcción misma de su corpus epistémico descentra las modalidades de pensar la epistemología. El saber, los surgimientos de nuevas modalidades de saber y de práctica discursivas no se pueden reducir a formas de aceptación académica ni de referencia exclusiva a la ciencia. El arte, la política, la historia, así como un desorden que se expande entre ellos son las coordenadas que permiten penar de otro modo el campo llamado de las epistemologías”
Helí Morales
El psicoanálisis, desde que era estudiante universitaria, me llamaba mucho la atención. El poder descubrir todo lo que guarda el ser humano a lo largo de su vida, todo lo que lo marca sin que éste se percate de ello; me resultaba totalmente fascinante; un día hablando con una docente de la Universidad, analista de muchos años, me hace un comentario que me asombra: “no sólo los psicólogos podemos ser psicoanalistas… cualquier persona puede ser un analista –guarda silencio y observa mi rostro reaccionando ante tal revelación; sonríe y prosigue –de hecho a los psicólogos sobre todas las profesiones es a los que más nos cuesta trabajo entender la técnica psicoanalítica.” Estas palabras retumbaron en mi mente por algunos meses, mientras cursaba el primer semestre de la especialidad en Clínica Psicoanalítica; me cuestionaba una y otra vez ¿cómo era esto posible?, ya que los psicólogos clínicos por naturaleza buscamos el porqué de la conducta humana, el porqué de sus traumas y diversas problemáticas…. ¿cómo era esto posible si los psicólogos a lo largo de cinco años de formación somos entrenados específicamente para entender a nuestros pacientes?. A lo largo de este tiempo, se me reveló el porqué de las palabras y esa sonrisa un tanto irónica de la docente.
Freud en 1912 en “Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico” es muy puntual respecto a lo que compete a la clínica psicoanalítica; habla sobre la importancia de la escucha atenta del discurso del analizante, de lo relevante de guardar en la memoria los innumerables nombres, fechas, detalles del recuerdo, ocurrencia y producciones patológicas que se presentan durante la cura; ya que “tan pronto como uno tensa adrede su atención hasta cierto nivel, empieza también a escoger entre el material ofrecido; uno fija un fragmento con particular relieve, elimina en cambio otro, y en esa selección obedece a sus propias expectativas o inclinaciones. Si en la selección uno sigue sus expectativas, corre el riesgo de no hallar nunca más de lo que ya sabe; y si se entrega a sus inclinaciones, con toda seguridad falseará la percepción posible. No se debe olvidar que las más de las veces uno tiene que escuchar cosas cuyo significado solo con posterioridad discernirá.” (Freud, 1912)
Otra de las anotaciones que hace Freud es que el psicoanalista no debe incluir sus emociones en la terapia psicoanalítica ya que corre el riesgo de exponerse indefenso a las resistencias del paciente evitando el camino hacia la cura del mismo. La frialdad es un sentimiento que se le exige al analista para poder proporcionar las condiciones mas ventajosas para el proceso analítico, ya que para el médico procura el cuidado de su propia vida afectiva y el máximo grado de socorro para el analizado; de esta manera el médico estará en condición de servirse así de su inconciente como instrumento de análisis.
El médico debe ocupar una postura “neutral” no debe resultarle transparente al analizado, debido a que la práctica es inobjetable y podemos caer en el error de un psicoterapeuta que contamina su propio trabajo con el influjo sugestivo a fin de alcanzar resultados visibles en un tiempo más breve; el cual a su vez se cree que para superar las resistencias de su paciente, debe dejarle ver sus defectos y conflictos anímicos poniéndose en igualdad para hacerle algunas observaciones sobre su vida, hechas por supuesto en confianza; una confianza que vale la otra, y quien pida intimidad de otro tiene que testimoniarle la suya; cayendo así en un error monumental a la técnica psicoanalítica, y que Lacan más tarde criticará fuertemente ya que si el médico se sale de estos “lineamientos” anula automáticamente las ganancias obtenidas por el paciente.
“La técnica defectuosa puede provocar deformaciones en los descubrimientos clínicos, que a su vez pueden conducir a conceptos teóricos erróneos. Hay analistas que abusan de la idea de que lamente inconsciente del analista y su empatía son sus instrumentos más valiosos para la terapia y desdeñan la necesidad de realizar alguna operación intelectual con los datos que puedan haber obtenido. La consecuencia es que no tienen una visión general del paciente, no reconstruyen grandes porciones de su vida y sólo les queda una colección de apreciaciones intuitivas. Los errores en la otra dirección son igualmente graves: hay analistas que formulan teorías con demasiada rapidez basándose en unos cuantos datos clínicos. Para ellos, la experiencia del análisis se convierte en un certamen mental o un ejercicio intelectual. Esos analistas evitan la implicación instintual o emocional con sus pacientes, olvidan la intuición y la empatía y se convierten en recolectores de datos o distribuidores de interpretaciones”. (Greenson, 2007)
Es sabido que Lacan a lo largo de su vida, criticó fuertemente a la psicología del Yo, debido a que al morir Freud, su técnica fue distorsionada; leída desde los intereses personales llenos de protagonismo de sus “seguidores”, fue “confundida” con la psicoterapia tradicional; viendo este gran desorden Lacan retoma a Freud desde la letra, planteando una lectura apegada a los principios estructurales del psicoanálisis y convirtiéndose en el máximo exponente del psicoanálisis después de Freud. Lacan preocupado por las desvirtuaciones que se hacían a la clínica psicoanalítica afirma en 1966 que la dirección de cura es definida en seis puntos:
1. La palabra tiene en ella todos los poderes especiales de la cura;
2. Estamos bien lejos por regla [fundamental] de dirigir al sujeto hacia la palabra plena, ni hacia el discurso coherente pero que lo dejamos libre de intentarlo;
3. Esa libertad es lo que más le cuesta tolerar;
4. La demanda propiamente es lo que se pone entre paréntesis en el análisis, puesto que está excluido que el analista satisfaga ninguna de ellas;
5. Dado que no se pone ningún obstáculo a la confesión del deseo, es hacia eso hacia donde el sujeto es dirigido e incluso canalizado;
6. La resistencia es esa confesión, en último análisis, no puede consistir aquí en nada sino en la incompatibilidad del deseo con la palabra.
Lacan (1966) critica que “bajo el nombre de psicoanálisis muchos se dedican a una “reeducación emocional del paciente” No por eso denunciamos lo que el psicoanálisis tiene de antifreudiano. Pues en esto hay que agradecerle el que se haya quitado la máscara, puesto que se jacta de superar lo que por otra parte ignora, no habiendo retenido de la doctrina de Freud sino justo lo suficiente para sentirse hasta qué punto lo que acaba de enunciar de su experiencia es disonante con ella”. Es entendible esta crítica tan irónica que utiliza, ya que los “seguidores de Freud” perdieron de vista que la técnica indica claramente que el que habla es el inconciente no el paciente. En el momento en el que el “analista” se involucra en el conflicto del paciente, lo dirige, le orienta, le comprende, su técnica deja de ser psicoanálisis y se convierte en mera psicología, en un conductismo propiamente dicho, en el que se pretende dar resultados inmediatos mediante la extinción de signos y síntomas que regresaran una y otra vez, porque realmente se trabaja con todo menos con las formaciones inconcientes del sujeto.
“Para los psicoanalistas de hoy, esta relación con la realidad cae por su propio peso. Miden sus defecciones en el paciente sobre el principio autoritario de los educadores de siempre. Sólo que se encomiendan al análisis didáctico para garantizar su mantenimiento en una tasa suficiente en los analistas, respecto de los cuales no deja de sentirse que, para enfrentarse a los problemas de la humanidad que se dirige a ellos, sus puntos de vista serán a veces un poco locales. Lo cual no hace sino colocar el problema un escalón individual más atrás.” (Lacan, 1966)
Para dirigir la cura debemos dejar de vivir en esa postura de Gran Otro, debemos dejar de sentarnos en esa silla gigante llamada ego. Uno de los errores constantes de la psicología es que se posiciona en el lugar del conocimiento, el terapeuta es el que sabe lo que le sucede al paciente, sabe exactamente que conductas debe de eliminar para que el sujeto comience a ser “funcional”, tornándose esto en algo sumamente peligroso, porque perdemos de vista que ese síntoma lo podremos eliminar, pero el inconciente del paciente luchará y se manifestará en una y mil conversaciones más que pasarán totalmente desapercibidas ante los ojos y oídos del terapeuta, porque sólo observa la conducta, y deja de lado todo el simbolismo que revela la verdadera demanda del sujeto. Lacan comenta que “el analista cura menos por lo que dice y hace, que por lo que es”. El analista efectivamente es el que se mantiene atento, escucha paciente y detenidamente el discurso; ese lenguaje que por medio de olvidos, risas, sueños y demás deja asomar “la historia que no es el pasado, sino el pasado historizado en el presente del sujeto, historizado en el presente porque ha sido vivido en el pasado”. (Lacan, 1981)
El analista no busca comprender a su paciente, cuando la bondad se recuesta en el diván la cura se aleja del análisis, el analista no debe buscar el bien del sujeto, esto es reeducar; en el psicoanálisis no hay cabida para egos grandes, el lugar del analista es ese lugar del muerto, aquel que no siente, no se involucra, solo atiende y prosigue su juego sin que se sepa quien lo conduce; es el que contribuye a que el analizante se dirija hacia su propia cura; cito a Lacan (1966) “ no se cura uno porque rememora uno. Rememora uno porque se cura”. Esto se explica en que la restitución de la integridad del sujeto se presenta como una restauración del pasado. Sin embargo, “el acento cae cada vez más sobre la faceta de reconstrucción que sobre la faceta de reviviscencia en el sentido que suele llamarse afectivo. En los textos de Freud encontramos la indicación formal de que lo exactamente revivido - que el sujeto recuerde algo como siendo verdaderamente suyo, como habiendo sido verdaderamente vivido que comunica con él, que él adopta- no es lo esencial. Lo esencial es la reconstrucción” (Lacan 1966).
Respondiendo a las preguntas que me hacía a lo largo de la especialidad, creo que Lacan se encargó de abrirme los ojos, la psicología hace que el psicoanálisis sea confundido como una psicoterapia, perdiendo de vista todos los fundamentos y estructura de la clínica; llevando a los pacientes a un condicionamiento como lo mencioné anteriormente, se me antoja pensar en el pequeño Hans, en manos de un terapeuta que se basa en la bioenergética; que le señalaría al padre del pequeño que por medio de masajes podría ayudar al niño a liberarse de la fobia; o por medio de un psicólogo infantil en el que le sugerirían a la madre estímulos adversos para evitar que Hans explorara sus genitales. Ahora entiendo que la docente tenía mucha razón, como psicólogos somos entrenados para entender y generar empatía por nuestro paciente, olvidando que esa postura nos aleja cada vez más de la cura; por todo lo anterior me gustaría terminar este ensayo citando a Elizabeth Roudinesco (2009)… “el mayor peligro del psicoanálisis es hacer psicología”.
BIBLIOGRAFÍA
BRAUNSTEIN, Néstor, A. “Psiquiatría, teoría del sujeto, psicoanálisis (Hacia Lacan). Duodécima reimpresión, primera edición. México, 2008
CODERCH, Joan. “Teoría y técnica de la psicoterapia psicoanalítica” Editorial Herder. 1ª. Edición. España, 1987.
FREUD, Sigmund. Obras Completas, Tomo XII “Consejos al médico en el tratamiento psicoanalítco”. Amorrortu Editores, Buenos Aires, Argentina, 1996.
GREENSON, Ralph R. “Técnica y prácitca del psicoanálisis” Ediciones Siglo XXI. Decimoquinta edición en español, México, 2007.
LACAN, Jacques. “Escritos 2” Ediciones Siglo XXI. Vigésimotercera edición en español, primera edición en Franciés (1966), México, 2005.
LACAN, Jacques. “Seminario 1: Los escritos técnicos de Freud”. Editorial Paidos. 15ª. Reimpresión, 1ª. Edición 1981. Argentina, 2007.
MORALES, Helí. “Sujeto y estructufa” Ediciones de la noche, México, 2008.
SAFOUAN, Moustapha, “Lacaniana: Los seminarios de Jacques Lacan 1964-1979”. Editorial Paidos, Buenos Aires, Argentina, 2008.
| 5, jul
Si no somos capaces de darnos cuenta de que hay cierto grado, no arcaico y que deba situarse en alguna parte en el nivel del nacimiento, sino estructural, en el nivel del cual los deseos son propiamente hablando locos, si para nosotros el sujeto no incluye en su definición, en su articulación primera, la posibilidad de la estructura psicótica, entonces nunca seremos otra cosa que lienistas.
J. Lacan
Al hablar de estructura en el ser humano, tenemos un sin fin de posibilidades desde donde abordar el tema, por eso he decidido comenzar este escrito desde el llamado movimiento estructuralista. “Su estudio se centra en la noción como su nombre lo indica de estructura, término proveniente de latín (structura) que en su origen se empleaba especialmente en un sentido arquitectónico (“construcción”, “edificio”, “disposición”, “fábrica” y “organización”) para designar la manera en la que está construido un edificio; podemos leer en Cicerón la acepción structura verborum para señalar la “disposición de los órganos del cuerpo, y más aún se ramificó a lo largo del XIX cuando comenzó a ser empleado por anatomistas, gramáticos e investigadores diversos. A partir del romanticismo, la idea general de estructura se utilizó especialmente para tratar de definir el carácter estructural de lo real.” (Alvarez, 2004)
Dicho movimiento surge como crítica al humanismo y su confianza en los ideales humanos; este movimiento situó al lenguaje en el centro de sus intereses y trató de halar su estructura universal subyacente para extrapolarla posteriormente a otras disciplinas; siendo así como tiene cabida en el psicoanálisis. “Una estructura según Alvarez (2004) comprende tres características: de totalidad, de transformación y de autoregulación […] Para descubrir una estructura dada es preciso emprender un análisis interno de la totalidad, distinguiendo así sus elementos y el sistema de relaciones allí presente. La estructura revela por este procedimiento como el esqueleto del objeto sometido a consideración, permitiendo de este modo diferenciar cuanto es esencial de cuanto es accesorio, desbrozando igualmente sus líneas de fuerza, sus funciones y, en ocasiones, los mecanismos implícitos en su funcionamiento.”
Freud definió tres estructuras de personalidad en el sujeto, la neurosis, la perversión y la psicosis; y dependían de la falta resultante de la castración proveniente del complejo de Edipo. El complejo de castración fue descrito por Freud a partir de 1908 mientras investigaba acerca de las teorías sexuales infantiles, en concreto sobre la atribución que hace el niño de un pene a todos los seres (premisa universal del pene); de acuerdo con la teoría infantil que hace de su existencia un universal, el complejo se instaura en el niño una vez que se ponen en juego dos factores determinantes: la amenaza de castración y la percepción de los órganos genitales femeninos. El complejo de castración constituye el último tiempo del complejo de Edipo en el niño, pues implica una renuncia a la sexualidad edípica e incestuosa para poder conservar tan preciado órgano.
El complejo de castración sigue en la niña un desarrollo distinto, ya que en lugar de ser la culminación del Edipo, da pauta al complejo de Edipo. La percepción de la niña del órgano sexual masculino marcha en función de la envidia que siente por el pene y del resentimiento contra la madre. La función de normalización de este complejo en la niña se da en función de posibilitar la minimización de esta envidia al pene, con el fin de hallar un equivalente simbólico concretado en el deseo de tener un hijo del padre. “La vida sexual de la mujer, se divide siempre en dos fases, la primera de las cuales es de carácter masculino, mientras que sólo la segunda es de carácter específicamente femenino. El primer objeto amoroso del varón es la madre, debido a que es ella quien lo alimenta y lo cuida durante su crianza; sigue siendo su principal objeto hasta que es remplazado poro otro, esencialmente similar o derivado de ella. También en la mujer la madre debe ser el primer objeto, pues las condiciones primarias de la elección de objeto son iguales en todos los niños” (Alvarez, 2004). Cuando se ha vivido la castración es imposible estar completo, por lo anterior Lacan dirá que somos sujetos en falta, ya que al aceptar la castración, el sujeto se verá forzado a construir una estructura psicopatológica. Según Alvarez (2004) Freud formuló tres modos específicos de los que se sirve el Yo para enfrentar la castración, tres modalidades lógicas que definirán las tres estructuras clínicas con las que el psicoanálisis ordena su nosografía y orienta su práctica: la castración existe o no existe, es decir, está representada o no está representada. Dicho de otro modo: el aparato psíquico reconoció la existencia de la castración o bien dicha representación quedó rechazada (Verwerfung) en el aparato psíquico, lo que determinará la estructura clínica de la psicosis; en el caso de que se llevara a cabo tal representación de la castración pueden suceder dos eventualidades: o bien ella es apartada de las representaciones conscientes mediante el mecanismo de la represión (Verdrängung), como sucede en la estructura neurótica, o bien el sujeto desmiente su realidad valiéndose del mecanismo de la renegación (Verleugnung), como es el caso en la estructura perversa.
Sin embargo Lacan sentía que a Freud le faltaba algo importante para poder ser leído adecuadamente, por lo que se inventa la triada RSI (Real, Simbólico e Imaginario) e introduce la función del padre para que el sujeto sea estructurado de alguna forma.
Para que el padre sea introducido en el campo de lo simbólico, debe ser por medio de la madre ya que la madre es la encargada de instaurar esta metáfora. Según Julien (2002) la madre sustituye el significante de su deseo, que es enigmático para el niño por carecer de significación, por otro significante, el del padre, el significante de la paternidad. Y de esa metáfora nace una significación: el falo, es decir, lo que falta en la madre y es la razón de su deseo de mujer […] el significante del nombre del padre, no es transmitido al sujeto ni por un hombre que se declara padre, ni por la sociedad política o religiosa, sino por el deseo de la madre, en cuanto mujer. Ella da respuesta a la interrogación del hijo o la hija ante la imagen materna.
De acuerdo a lo anterior es como se estructura el sujeto, en cómo se ha introducido el padre; el-nombre-del-padre en lo real, simbólico e imaginario. Y como es marcado el sujeto por el deseo del otro; ya que recordemos que, el deseo del hombre encuentra su sentido en el deseo del otro, porque su primero objeto es ser reconocido por el otro. Citando a Hegel (op. cit. Julien, 2004) “El ser humano sólo se constituye en función de un deseo referido a otro deseo; es decir, a fin de cuentas, de un deseo de reconocimiento.” Para explicar las estructuras de Freud (Psicosis y neurosis ) Lacan, a partir de la invención de la triadas RSI, y la instauración de la función del padre, crea un sistema de nudos (nudo de trébol, nudo borromeo y nudo olímpico) para dar una idea mas clara de que es lo que sucede en cada estructura.
En el nudo trébol, explica la psicosis, ya que las tres dimensiones (real, simbólico e imaginario) se encuentran reducidas en una sola. Es por lo anterior que si una parte del nudo no funciona la estructura completa se derrumba, ya que no tiene sustento en ninguna de las tres dimensiones. Está totalmente desestructurado y cae en la locura.
En el nudo de borromeo, que explica otro lado de la psicosis. Lacan (Op. cit. Julien, 2002) “El interés de unir de este modo lo simbólico, lo imaginario y lo real en el nudo borromeo es lo que resulta de ello, y no sólo resulta sino debe resultar, vale decir que si el caso es bueno, basta cortar uno cualquiera de los anillos de cordel para que los otros dos queden libres uno de otro. […] En otras palabras, si el caso es bueno, cuando les falta uno de esos anillos de cordel, ustedes tienen que volverse locos. Y en eso consiste el buen caso, a saber, que si hay algo normal, es que cuanto una de las dimensiones se les va a pique por una razón cualquiera, ustedes deben volverse locos”.
El nudo olímpico, que explica a la neurosis. En este nudo todos los anillos están unidos, y si uno de los anillos se va en pique los otros dos se quedan unidos y soportan al sujeto, es por lo que Lacan decía que los neuróticos son incansables. Porque siempre se sostienen en el campo del RSI.
Sin embargo estos nudos no eran suficientes, el RSI no se explicaba en su totalidad así que integró el cuarto elemento a las estructuras, el Nombre-del-Padre. “Lacan había introducido el Nombre-del-Padre para designar el significante que, al sustituir el significante enigmático del deseo de la madre, da una respuesta al hijo. Produce la significación fálica del deseo de la madre. Así, el Nombre-del-Padre es fundado por la madre o no existe. El padre como nombre y como quien nombra no es lo mismo. El padre es el elemento cuarto sin el cual en el nudo de lo simbólico, lo imaginario y lo real nada es posible.” (Julien, 2002)
El Nombre-del-Padre es lo que unifica la estructura, dice Lacan (op. cit. Julien, 2002) “todo se sostiene en la medida en que el Nombre-del-Padre es también el Padre del nombre”, introduciendo así la función misma del sín-thoma, que tiene una función de suplencia y compensación cuando hay forclusión del Nombre-del-Padre, es decir el padre y su función están tachados, no existen, por lo tanto ausencia del nudo borromeo de las tres cosistencias: RSI, dado lo anterior, si se da entrada al cuarto elemento se evita el desanudamiento y así impedir la locura.
Freud (Julien, 2002) hace que todo se mantenga unido mediante el sínthoma neurótico que es el Padre-del-Nombre. La declinación del Edipo se concreta al volverse hacia ese Padre, que la teoría calificó de Padre ideal, un padre digno de ser amado. Ese volverse hacia, instaurara el nudo borromeo con cuatro elementos.
A lo largo de este ensayo he tratado de explicar brevemente la estructuración de un sujeto, partiendo de la concepción freudiana de Edipo y castración, pasando en un gran brinco a la concepción Lacaniana de RSI y la introducción de la función paterna en el campo de lo imaginario. Tratando de destacar la gran importancia y peso que tiene esta estructura para sostener a un sujeto en su sínthoma y marcar la diferencia entre una psicosis y una neurosis.
BIBLIOGRAFÍA
ALVAREZ, José María; Esteban, Ramón; Sauvagnat, François, Sauvagnat. “Fundamentos de psicopatología Clínica”. Ed. SINTESIS. España, 2004
JULIEN, Philippe. “Psicos, perversión, neurosis. La lectura de Jacques Lacan”. Amorrortu Editores. Argentina, 2002.
| 15, feb
Realmente cuando me pasaron esta imagen me hizo reir mucho...... cualquier semejanza con la realidad es mera coincidencia....![]()

| 27, ene
“En 1922, Hans, que ya no era “el pequeño” sino un gallardo joven de 19 años, visitó de improviso a Freud. Éste pudo sentirse satisfecho de verlo perfectamente normal, a pesar de los temores de sus opositores: Pero –dice– Hans me enseñó algo notable que me impresionó mucho y que no alcanzo a explicar. Había leído la historia de su caso. Le pareció totalmente extraña y no podía reconocerse”. (op. cit., Manoní, 1979)
Antes de desarrollar la fobia el niño sufre una amenaza de castración por parte de la madre; el contenido de dicha amenaza era nada menos que la pérdida del “hace- pipí” es decir el pene, ya que el niño se autoerotizaba y la madre al reprobar dicho comportamiento reprime la conducta con semejante amenaza, aunque en ese mismo momento esta amenaza de castración no tiene ningún efecto aparente en Hans, éste comienza a darle significado un años y medio después de este suceso.
Freud al “tomar el caso” decide asesorar al padre y éste es el que lleva nota de todas las conversaciones o sucesos con respecto al caso de su propio hijo. Hans al inicio del tratamiento presenta un gran interés por su miembro al cual hace llamar “hace-pipí” y dicho interés radica en que trata de investigar la presencia o falta del “hace pipí” en el resto de las personas o animales que le rodean logrando distinguir entre lo vivo de lo inanimado. Al nacer su hermana se da cuenta de que sus genitales son diferentes pero el tiene la firme creencia de que como es pequeña le crecerá tomando forma de un pene, acude a su madre y le pregunta si ella tiene un “hace-pipí” a lo cual ella responde afirmativamente, y en cuanto el asocia este comentario con el pene de un caballo la madre no lo saca del error haciéndole creer que está en lo cierto.
Al tiempo que el padre está trabajando sobre el autoerotismo del niño, acude a Freud porque el niño ha desarrollado una angustia terrible que le impide acercarse algún caballo; el padre relata que Hans sale de paseo con la niñera y regresa pidiendo a su madre y sus cuidados. Al día siguiente de este incidente sale con la madre y el evento se repite desarrollando entonces, la fobia (la tontería; como suele llamarle él), que le impide salir de su casa, y el padre intenta trabajar sobre ello, sin embargo al cabo de un tiempo el niño enferma y en una segunda ocasión tiene que ser intervenido quirúrgicamente y el reposo tiene un gran impacto sobre la fobia haciendo que los síntomas se magnifiquen al grado de que Hans está totalmente impedido de salir de su casa.
Entonces el padre al acudir a Freud y tener una cita con el pequeño niño se comienza a develar el misterio; el niño hace manifiesta la angustia ante el padre, surgida de ese deseo de muerte contra él; lo cual constituyó el máximo obstáculo del análisis hasta que fue eliminada en la declaración en el consultorio de Freud.
Hans comienza a tener progresos significativos en cuanto a poder nombrar lo que le sucede o lo que vive en ese momento. Entrando en un juego de ironías con el padre completamente llenas de verdad y a su vez de inocencia.
El niño dice Freud (1909) no miente sin razón, y en general se inclina más que los grandes por el amor a la verdad. Es posible distinguir con toda nitidez dónde falsea o se reserva cosas bajo la compulsión de una resistencia, dónde, indeciso él mismo, adhiere al parecer de su padre y, dónde, liberado de la presión, comunica a borbotones lo que es su verdad interior y lo que hasta entonces sólo él ha sabido.
Estas verdades a las que se refiere Freud no son mas que la aceptación de la rivalidad con el padre y su pequeña hermana Hanna por la amada madre. Al igual que la angustia que presenta ante el padre y que es representada en el miedo “al caballo blanco que muerde” y esto lo podemos corroborar cuando Hans ve a su padre con el torso desnudo y le comenta que es “muy blanco y hermoso, como el caballo blanco” haciendo énfasis en la blancura del padre. Al igual en el transcurso del relato encontramos muchos simbolismos como es “la cosa negra” que lleva el caballo en la boca y que hacen inferencia según la interpretación del padre al bigote que lleva y a sus ojos.
También parte de las verdades que revela Hans durante su análisis es el gran deseo que siente por su madre y de ser el “papi” de la familia. El ocupar el lecho de su madre durante las grandes ausencias del padre le dan una imagen equivocada a Hans; un deseo de propiedad sobre la madre; deseo que se ve frustrado cuando el padre lo hecha de la cama y le pide a Hans que no duerma con ellos ya que él tiene su propia cama. Ante semejante imposición Hans comienza a tener sueños y pensamientos que nos revelan un Edipo muy claro, una lucha por la madre y el deseo de ver muerto al padre, y esto nos podría indicar el inicio de la fobia ya que Hans vive una lucha inconciente muy fuerte entre su deseo por la madre y el amor por su padre. Tal ambivalencia se ve reflejada en acciones como cuando relata el padre que Hans le pega en la mano y segundos después le besa la misma con gran ternura.
A la par de que Hans revela tener deseos de muerte por el padre, comienza a demostrar un gran interés por las heces fecales y la orina, haciendo una analogía con las pantaletas negras y amarillas de la madre, las cuales son asociadas las negras con “Lumpf” (excremento) y las amarillas con la orina. El pequeño comenta sentir asco por dichas prendas solo cuando las observa sin ser vestidas por la madre, en el transcurso de la investigación del padre resulta tener una simbolización más profunda, la idea constante de hablar sobre la cigüeña, el nacimiento de los niños y el Lumpf tiene un significado muy claro, la negativa de Hans hacia tener nuevos hermanos, “otra Hanna”, compartir el lecho de su madre con alguien más que no sea él, para Hans defecar es equivalente a parir un hijo.
Pero entendamos de que se trata el caso Hans desde una clasificación de las estructuras psicoanalíticas, según Freud (1900) “las histerias de angustia se desarrollan cada vez más con una fobia y, al final, el enfermo puede quedar liberado de angustia, pero sólo a costa de una inhibiciones y limitaciones a que se ha visto forzado a someterse. En la histeria de angustia hay un trabajo psíquico, que es incesante desde el comienzo de ella, para volver a ligar psíquicamente la angustia liberada. Pero ese trabajo psíquico, que es incesante desde el comienzo de ella, para volver a ligar psíquicamente la angustia liberada. Pero ese trabajo no puede conseguir la reversión de la angustia a libido ni anudarse a los mismos complejos de los cuales proviene la libido. No le queda más alternativa que bloquear cada una de las ocasiones posibles para el desarrollo de angustia mediante unos [vorbau] psíquicos de la índole de una precaución, una inhibición, una prohibición; y son estas construcciones protectoras las que se nos aparecen como fobias y constituyen para nuestra percepción la esencia de la enfermedad”
En términos concretos, Hans desarrolla una histeria de angustia, debido a que tanto el madre y el padre le prohíben algo muy concreto; el comportamiento onanista es reprobado por la madre y le amenaza de castrarle y el padre a su vez le prohíbe ser el hombre de su propia madre. Esto hace que Hans a su vez reprima y dicha represión falle y sea sustituida en varias ocasiones por nuevos síntomas. Esto lo podemos encontrar explicado en Freud (1915) en el artículo sobre “la represión” donde expone lo siguiente: “una represión como la del caso de la fobia a los animales puede definirse como radicalmente fracasada. La obra de la represión consistió solamente en eliminar y sustituir la representación, pero el ahorro de displacer no se consiguió en modo alguno. Por eso el trabajo de la neurosis no descansa sino que se continúa en un segundo tempo para alcanzar su meta más inmediata, más importante. Sí llega a la formación de un intento de huida, la fobia en sentido estricto: una cantidad de evitaciones destinadas a excluir el desprendimiento de angustia”.
Después de que Hans puede aceptar y mencionar que siente celos tanto del padre como de su hermana Hanna y que quiere ser el hombre de la casa, Hans puede decirse que ha superado su condición de enfermo quedando en los siguientes términos con el padre: tiene unos hijos a quienes lleva al inodoro, los hace hacer pipí y le limpia el trasero (hace con ellos todo lo que se hace con los hijos) y por supuesto se casa con su madre y acepta al padre como tal. En su fantasía triunfante del final, extrae la suma de todas sus mociones eróticas de deseo, las que provienen de la fase autoerótica y las entramadas con el amor de objeto.
BIBLIOGRAFÍA
FREUD. Sigmund. “Análisis de la fobia de un niño de cinco años (el pequeño Hans)” Vol X Obras completas de Sigmund Freud. Amorrortu editores. Buenos Aires, Argentina, 1996.
FREUD. Sigmund. “La Represión” Vol XIV Obras completas de Sigmund Freud. Amorrortu editores. Buenos Aires, Argentina, 1996.
MANNONI, Octave “Freud: El descubrimiento del inconciente”. Ediciones Nueva Visión. Argentina, 1979
YAFAR, Raúl A. “El caso Hans: Lectura del historial de Freud”. Ediciones Nueva Visión, Argentina, 1991.